sábado, 3 de abril de 2010
Hoy ha sido uno de esos días donde se paga el precio de no hacer lo que uno tiene que hacer y en cambio hacer lo que a uno le cuesta poco trabajo sin que siquiera sea algo que divertido o se disfrute. Comenzar el día con una mala decisión y ésta continuarla con otra y otra a ver hasta donde y que tal grado nos podemos sentir incomodos de respirar un aire que cómo hoy pensaba no me lo merecía. Y claro, que con esos pensamientos, se pasó la mañana, el medio día y la tarde mientras trabajaba en un trabajo donde lo único que vale es una actitud positiva, el espiral hacia abajo fue tan sólo la consecuencia de todavía no poder controlar esas emociones pesimistas que se acumulan por falta de emociones de satisfacción que generan motivación y excelencia. Hoy estuve tan lejos de eso, que hasta mal me caigo; no me soporto y quiero mejor salir corriendo. El miedo se apodera de mi amor y la esperanza es lo primero que se pierde, como el rumbo de las ideas, pensando que nuevas surgen pero que en realidad no son confiables porque se me han ocurrido en un mal momento. Mejor no escribo más y mucho menos una canción.
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