miércoles, 21 de abril de 2010

es como el 20 y algo de abril de 2010

Y amanecí malísimo de ánimo. De eso que uno se levanta con una pesadez que quisiera quedarse en la cama durmiendo hasta que ésta no lo aguanta a uno más y lo tira, lo escupe; nadie me soporta empezando por migo mismo. Estoy en casa de la Manuela y ni su vista al mar me relaja. Hago lineas de pensamiento: estoy bien, me siento bien; soy salud perfecta. Salgo al balcon y aunque tengo la mejor vista al caribe de Playa del Carmen me siento a meditar desesperado. No logro sentirme mejor. Tengo que salir a generarme un poco de endorfinas con ejercicio. Corro unos kilometros en la playa. Me topo con 2 que 3 chiquitas bien hermosas y me desespero más; las quiero poseer. Me canso. Nado. El agua está increiblemente rica, no paro para no pensar y salgo y me vuelvo a sentar a meditar de cara al sol, dejo de pensar. Me duele la gastritis y repito: soy salud perfecta, soy salud perfecta. Hago mis respiraciones para regenerar mis pulmones. 8 inhalo, 16 aguanto, 8 exhalo y 4 aguanto vacio. Así 9 veces pero sólo aguanté como unas tres. Regreso a la casa y claro la Manuela no me habla y ni el universo adivinaría el porqué. Son los pequeños detalles que cuentan lo sé. No le escribí una nota avisando que me iba a la playa -sin ella-. Pero no es que me haya ido a la playa para recrearme, fue en acto desesperado de sanación a mi alma, a mi estado de ánimo. Después pudimos haber regresado junto ahora sí a recrearnos, tomar el sol, chapotear, leer y disfrutar del bonito día. Digo pudimos haber, porqué el daño al parecer es irreversible y no me queda más que pensar en comprarme un toque pero me rio de mi, porque no tengo ni dinero. Mejor. Sólo pasaron 45 minutos con la Manuela antes de empezar con la letania mutua de siempre y agacho la cabeza tratando de encontrar palabras nuevas que provoquen reacciones distintas pero siempre es lo mismo y justo antes de salir de su casa, de mi boca salen exactamente las mismas palabras de siempre; esas que ocupo para herir y que tan pronto cierro la puerta tras de mi, ya me estoy arrepintiendo porque la herida es mia y sangra por dentro. No tengo bici, tengo que caminar; el camino es lento, largo y pesado. Mis chanclas no me dejan avanzar.
Las bermudas se me caen, quiere decir que estoy aún más flaco de lo de siempre y eso me puede deprimir más que cualquier otra cosa. Tengo que comer, pero no puedo; tengo una gastritis que cuidar y el espiral al fondo no tiene eso: fondo.
Más desesperado que en la mañana es ya medio día y sólo quiero llegar a mi casa y perderme en el internet para no pensar más. Me bajo de la combi, y dos cuadras antes de llegar se me cierra una camioneta rentada, bajan el cristal y es mi tocayito para darme trabajo. Uf las cosas parecen que mejoran, al menos mi aparato digestivo descansa. No logro hacer nada con la computadora, grabo unos acordes y dos que tres buenas ideas pero nada serio de considerar. Dan las 4 y llega Jesús. Estoy ansioso, siento una tremenda prisa de llegar a no sé donde y no tengo ganas de trabajar. Trabajamos. Trabajamos bien y avanzamos. Nos la pasamos bien. Se pasa la tarde, que alegria.
Necesito comprarme unos tenis para trabajar mañana. Mañana recupero lo invertido, así que me preparo para salir y comprarme unos de buena calidad. Voy a Plaza las Americas y todo ahí sale de maravilla. Regreso a la casa con mucho más de lo esperaba y ahora en la compu todo esta perfecto, ahora me siento bien. Excelente. Mañana trabajo a las seis. Gracias Universo.

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