lunes, 30 de marzo de 2015

Yo soy el que fuera

Yo soy el que fuera número 13. Un feto atormentado por la violencia del exterior. Un bebe esperado y amado. Un niño tranquilo, querido y mimado entre mujeres. Un chico que destaca entre los grandes al futbol. Un casi adolescente inseguro de lo que trae puesto, de su lugar en el grupo; de su capacidad para sacar una buena calificación.
Un joven campeón, enamorado de su mejor amiga que juntos y con raqueta en mano, se burlan de un pasing shot.
Ese joven aventurero que en sus viajes en solitario descubre el arrullo del trayecto; la paz y la armonía de otras casas y sus costumbres, el sabor de la derrota y el alivio del vómito del vodka.
Un nuevo hijo para otras patrias, para otros padres; hermano de nuevas familias, amigo de extraños que dejaron en mi su obra y sus muecas cada ves que los recuerdo.
Huésped de las montañas sus veranos y la nieve.
Un estudioso de la música rock. Coleccionista de sus portadas y sus estilos de vida, identificado con la cultura punk.
Un desertor de la ciudad que lo traumatizó con su tradición, con su costumbre y su recato.
Un recién llegado al paraíso. Otro más que atrás todo dejó
para vivir una vida que alguna ves soñó.
Animador de necios en barcos adulterados por concursos estúpidos para aprender a decirle que sí a las propinas. Vendedor de status, de confort y de espacios seguros con agua caliente, baño y aire acondicionado. Guia y pastor de rebaños sobre ruedas recorriendo vestigios arqueológicos hartos de no tener un día de descanso a la semana, de parques temáticos y de islas tropicales con el verbo lleno de mentiras divertidas alocadas por una comisión.
Un mochilero austero del camino. Turista del hostal, embajador del sol y la sonrisa. Oportunista de los idiomas y aprovechado del amor de una extranjera. Estudioso de la historia del arte y no el artista que fuera, que es.
Un ateo y un hijo de dios geométrico.
Un escucha del reggea. Un interprete de la música britpop. Un principiante en la composición. Una canción que me refleje. Una melodía que se te queda en el corazón. Un verso que te acompaña hasta el final de tu ojos abiertos y durante el REM de tu descanso efímero y merecido; eso soy, el que fuera.
Depresión integral, alegre tristeza.
Neurótico conocido.
Anestesiado de la tragedia. Paciente insuficiente acupunturado, meditador de cantina y del yoga de la razón.
Lector del poder del ahora, de los cuatro acordes, del sincrocamino, del manual del psicohermano y si soy el que fuera, el resanador de su propio templo.
Practicante del ritual, devoto de lo profano, discípulo de los elementales; consciente de la intención detrás de rezo, admirador del vuelo del aguila y místico de lo que no veo, sobre una peña preñada.
Danzante del tambor, músico del momento.
Aprendiz de lo natural, de lo orgánico.
Chalán del huerto, guardián del jardín, estilista de las flores, misionario de las suculentas.
Voluntario de los caprichos del rey, cortesano de su reina y tan solo una persona más, colaborando en la comunidad.
Pupilo de lo que me enseñan mis intestinos, de que mi alimento sea el medicamento y cada planta, medicina.
Yo soy el que fuera manos que liberan de estress al necesitado. Alivio dulce a la contradicción de un tendón cansado. Relajador del músculo aburrido.
Soy el que fuera nieto de la sabiduría intuitiva. Responsable del sudor salado de otras personas. Velador moderno de hogares en renta.
Ridículo espectador delante de un público que está observando al actor de su propia existencia.
Por fin, dueño de su tiempo, miembro activo de la 13:20; protagonista de sus sueños. Libre de ser quien fuera eso soy.

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