sábado, 23 de noviembre de 2013

Vengo bajándome del barco. Ando dos dos, ni muy muy ni tan tan y es que me comí tres hamburguesas y después el acohól no me entró más. En realidad y cómo siempre nadie en particular después de la fiesta se vino a despedir de mi o a estar conmigo, así que empece a caminar y a pensar y a ponerme contento porque ahí todavía traía un joint...
Me echaron las altas y era un compañero casi amigo que es uno de los top sellers de donde trabajo, un killer, un chavo chido para subirme. Pronto su camioneta se lleno de banda. Yo saqué el churro y mientras rolaba, todos hablabamos de lo bien que nos la habíamos pasado. Lo divertido que había estado la fiestecita. Y es que nuestro buen boss porque es bueno y buen jefe and I mean good, nos la regalo por haber dado buenos resultados.
Salimos de Puerto Aventuras, de algún muelle de por ahí. El barco pues no resultó el catamarán que todos nos imaginamos pero se nos olvidó de inmediato cuando en la rampa, una super nena argentina de tamaño familiar que nos pedía quitarnos los zapatos antes de subir. A ver, imaginense una argentinita de esas tipicas, buena pierna, buen trasero, delgadas de arriba. Cara linda, pelo largo, bonita sonrisa pero lo más impresionante era la talla, media la chava como 1. 90, como un avatar! Así la bautizé todo el recorrido...
El barco me era familiar, en la parte de abajo tenía unas 10 mesas y una barra y la parte de arriba era un asoleadero cómo para bailar también y alrededor se podía sentar uno.
Los marineros abriendo chelas y repartiendo buen chupe. Todo era sonrisas y sobre todo momento de relajarse. Las compañeras de la chamba todas son unos bombonsitos y sin uniforme todas se veían aún mejor. Las hungaras, bulgaras, francesas, canadienses y por supuesto las mexicanas efectivamente se soltaron el pelo, se relajaron, bailaron, se metieron a nadar y a repartir cariño que por eso son mujeres. El atardecer era naranja-azul con cielo despejado y el mar se veía dorado; decorado con reflejos de casas gigantes que la verdad si se antoja vivir ahí.
Salimos de la marina de Puerto Aventuras con rumbo desconocido. Yo iba incrédulo disfrutando el paseo como si fuera algo novedoso, pero era la ocasión. Es uno afortunado cuando se tiene trabajo, pero super afortunado cuando tu trabajo te gusta y ya, no sé puede creer cuando en tu trabajo todos son la super banda. Somos la super banda. Todos nos llevamos bien con todos y para donde voltearas ahí estaba una fiesta. Cuando paramos para parar nomás y meterse al mar opcional, pues cómo no se iba uno a meter; yo de hecho a eso iba. La mayoría iba aquí muy fresín.

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