Y si aunque sea con nuestra imaginación nos atrevemos a volar fuera del cielo para ver nuestra casa, veremos que no hay lineas divisorias, ni fronteras territoriales, ni nuestras insípidas diferencias de creencias, de costumbres; y lo que "conocemos" no es más que nuestro propio limite, nuestro propio muro que desde nuestro aposento le colocamos un ladrillo más con nuestra indiferencia. Y más alto y ancho se vuelve hasta no poder ver el jardín del vecino, ni saber su nombre, o mirarlo y mucho menos saludarlo.
jueves, 26 de octubre de 2017
A volar
Y si aunque sea con nuestra imaginación nos atrevemos a volar fuera del cielo para ver nuestra casa, veremos que no hay lineas divisorias, ni fronteras territoriales, ni nuestras insípidas diferencias de creencias, de costumbres; y lo que "conocemos" no es más que nuestro propio limite, nuestro propio muro que desde nuestro aposento le colocamos un ladrillo más con nuestra indiferencia. Y más alto y ancho se vuelve hasta no poder ver el jardín del vecino, ni saber su nombre, o mirarlo y mucho menos saludarlo.
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