Esa o aquella que me arregla la vida de manera moderna y totalmente descomunal. Que ante mis espejasos encuentro tristes realidades de hábitos culturales y colectivos. Me doy cuenta de que mis pasos son lentos, pausados y necesitaría yo vivir por lo menos otras vidas para poder llegar a donde ella espera que llegue.
Se cansará de mi o se acostumbrará al lugar y sus costumbres.
Me dice lo bruto que soy, lo salvaje; lo sucio que soy le fascina, no lo entiende.
Me escanea, lo niega con la cabeza y se lo rie. Es una belleza.
Me recuerda lo malo que soy, lo poco paciente y lo mucho macho que soy y somos todos los que nacimos en México. Que soy un vago, un huevón y un pelotudo. Si, ando con una argentina, sí, de Buenos Aires y si, vivió 20 años en Europa, la mayor parte del tiempo entre Barcelona e Ibiza.
Las historias que cuenta me dejan frio, no las quiero escuchar, son demasiado fuertes para mi debil cuerpo, demasiados crudas para mi espiritu, tan directas para mi moralidad, me asustan, me incomodan me remiten a ese sentimiento que aprendí y perdí la llave cuando cerré aquél capitulo de mi vida.
No es la primera vez, de hecho la mayoría de las veces ha sido así.
Tengo una compañera y es del primer mundo.
Me ubica, me encuentra y me afirma que ser mexicano no es lo importante, soy-somos ciudadano del mundo ps. Por eso ella anda conmigo, creo.
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