Ya pasaron tantas horas desde el ultimo drama
que puedo llegar a pensar
que son necesarios para encontrar cualquier calma.
Si, soy un cobarde por haber llevado a alguien conmigo
hacer toda esa faena,
pero lo cierto es que en mi rabia total,
mi actividad intelectual se había reducido a algún acto violento.
De esos que tan fácil surgen del miedo y rompen las cadenas con sus palabras.
Entrar por la puerta principal
extrangularla hasta sacarle los ojos, la lengua,
tumbarla al piso y justo antes de que cayera...
La vida continuó y los caminos enlodados se encuentran.
Una corta conversación con un briago
saludar al gato de la mano y a la hoja con un beso,
cantarle una canción a la fortuna
por motivo de su cumpleaños,
participar en los juegos de niños en su fiesta
y por instantes breves hacerme dueño del micrófono
desnudando mis virtudes a través de un rock and roll...
No sé de verdad y en especifico
que es lo que me quiera reprochar.
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